domingo, 28 de agosto de 2011

Carmen Abalos

Nació en Santiago de Chile y estudió en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Su vida está marcada por innumerables viajes y largas estadías en el exterior, lo cual le ha permitido dominar cinco idiomas. En Brasil permanece dos años, y es ahí donde desarrolla una fuerte amistad con Gabriela Mistral y con diversos escritores locales. En Chile ha sido subdirectora de la revista de poesía Orfeo y relacionadora pública del Sociedad de Escritores de Chile.
Carmen ha publicado doce libros de poesía y cuentos, además de ensayos y antologías con las editoriales Nacimiento, Orbe, Universitaria en Santiago y Doncel en Madrid.
Obras Publicadas:
  • Confidencias (1946) Prosa
  • Noche Transfigurada (1951) Prosa
  • Simplemente (1961) Prosa
  • Azogue Para Un Espejo (1963) Prosa
  • Oratorio Menor (1964) Prosa
  • Exilio 65 (1965) Prosa
  • La semilla de Adán (1967) Cuentos
  • El dedo en la Llaga (1963) Poesía
  • Libertad Condicional (1975) Cuentos
  • Las Manos Libres (1976) Poesía
  • La Frente en la Ventana (1980) Poesía
  • Mínimo Triple (1989) Cuentos


Autorretrato.

Al borde de mi misma
Puerta secreta
Yo, desnuda
Soy y no soy lo que soy:
Una mancha en las arenas
Acertijo
Donde la noche se detiene



Memoria Involuntaria

No soy hija del hombre
Ni de la mujer del hombre
Soy silencio espaciado
Puerta abierta.

Ni urgencias primordiales
Ni suños imposibles.
¡Qué espanto de mujer!

Soy más vieja que el vestido de mi abuela
Y más joven que el recién nacido
Y aunque soy y no soy lo que soy
Tengo las arrugas del parto
Y toda la luz del mediodía
Cayendo vertical.

No puedo situarme
Entre estos o aquellos
Amigos o enemigos
Pues no tengo obsesiones
Y mi prójimo más próximo
Soy yo misma,
Definitiva como un golpe
Y plena como un triunfo.
Defiendo mi permanencia
Tanto como mis ausencias
Y elijo este papel nada de fácil
De ser aquella que se mira
Y es igual a aquella
Que el espejo devuelve.


El otro día
Madre
Fui a plantar huesos en el cementerio
Por ver si florecían tus pupilas.

¡Ah, ese silencio que mantienes…!



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